Acabas de regalarte un nuevo mate de madera, y siempre es un momento especial. Tanto si te has decidido por la robustez de la madera de algarrobo como por un mate de calabaza, todavía no está del todo listo para usar.
A diferencia de la cerámica o el inox, la madera es una materia viva, porosa, que reacciona al calor y a la humedad. Aquí interviene una etapa absolutamente crucial: el curado de tu mate de madera.
Si te saltas esta etapa, corres el riesgo no solo de alterar el sabor de tu primera infusión, sino sobre todo de ver cómo tu magnífico mate se raja o desarrolla moho.
Que no cunda el pánico: vamos a guiarte paso a paso para preparar tu mate como manda la tradición, prolongar su vida útil y sublimar los sabores de tu yerba mate.
¿Por qué es indispensable curar un mate de madera?
El curado no es un simple mito de puristas. Es un procedimiento natural que permite proteger tu mate, mejorar el sabor de tus próximas cebadas y, sobre todo, adaptarlo a su nueva vida.
Prevenir grietas y fugas
La madera seca, cuando se expone de repente al agua hirviendo, sufre un choque térmico. Las fibras se dilatan violentamente, lo que provoca grietas irremediables.
El curado permite acostumbrar la madera al calor y a la humedad de manera progresiva. Además, los taninos de las hojas de mate permiten rellenar las microporosidades de la pared interna para hacer el recipiente perfectamente estanco y, con el tiempo, secar más rápido.
Evitar la aparición de moho

Mate de madera de algarrobo
Un mate sin tratar absorbe el agua como una esponja. Si la humedad se estanca en las fibras de la madera, se abre la puerta a hongos y mohos. Al saturar los poros de la madera durante el curado, se impide que el agua de las futuras infusiones penetre demasiado profundamente.
Mejorar el perfil aromático
Las maderas utilizadas para los mates poseen taninos y resinas naturales fuertes (en particular el palo santo). Si no se atenúan, la madera puede aportar un amargor desagradable, incluso astringente, a tus primeras cebadas.
El curado suaviza esas notas amaderadas para que vengan a sublimar la yerba mate, sin dominarla.
Paso a paso: el proceso de curado de un mate de madera
Llegamos al meollo del asunto: ¿cómo curar tu mate de madera?
A diferencia del curado del mate tradicional de calabaza, que exige sobre todo raspar y alisar, el mate de madera requiere un tratamiento centrado en la nutrición de la fibra.
Esta es la método infalible para prepararlo.
Etapa 1: nutrir la madera (el engrasado)
Es el secreto demasiado a menudo olvidado en los mates de madera. Antes incluso de poner agua, hay que nutrir la materia para darle elasticidad.
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Coge una nuez de mantequilla sin sal (o aceite de coco, o un aceite neutro).
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Unta generosamente todo el interior de tu mate con ayuda de papel de cocina o de los dedos.
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Deja que la madera absorba la materia grasa durante 24 horas. Si se trata de palo santo, no dudes en aplicarla también por fuera.
Etapa 2: el llenado con yerba usada
Una vez nutrida la madera, pasamos al curado propiamente dicho.
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Llena el mate hasta las tres cuartas partes (3/4) con yerba mate. Lo ideal es utilizar una yerba «usada» (ya cebada en un mate anterior). Si no tienes, una yerba nueva servirá.
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Presiónala ligeramente para que la hierba quede bien en contacto con las paredes.
Etapa 3: la humidificación con agua caliente
Vierte agua caliente (nunca hirviendo: apunta a unos 70 °C a 80 °C) sobre la yerba hasta el nivel de la virola. La hierba se hinchará y absorberá el agua. No dudes en añadir un poco más de agua si el nivel baja demasiado rápido.
Etapa 4: el tiempo de reposo (¡paciencia!)
Deja reposar el conjunto durante 24 a 48 horas en un lugar a temperatura ambiente. Durante ese tiempo, la madera se dilatará suavemente, absorberá los taninos de la yerba y sellará sus poros. Si la superficie se seca, añade un chorrito de agua caliente.
Etapa 5: la limpieza y el secado final
Vacía por completo la yerba mate. Aclara tu mate con agua templada (¡no uses nunca jabón ni lavavajillas, la madera conservaría el sabor!). Seca el interior con un paño limpio o papel de cocina. Por último, deja secar tu mate al aire libre, con la abertura hacia arriba o inclinado de lado (nunca boca abajo, la humedad quedaría atrapada dentro).
¡Tu mate ya está listo para su primera cebada preparada como manda la tradición!
Consejo de experto: como en los mates de calabaza, después del curado te aconsejamos encadenar el mayor número posible de mates: eso permitirá añadir el máximo de taninos y maximizar el curado.

Curado de un mate de madera
Cuidado diario: ¿cómo hacer que tu mate dure?
Haber logrado el curado de tu mate de madera es excelente, pero el cuidado diario es igual de importante. Nada complicado: te explicamos lo que no hay que hacer.
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No dejes la yerba estancada: vacía y aclara tu mate justo después de terminar tu sesión matera.
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Deja respirar el mate: asegúrate de que el interior esté bien seco antes de guardarlo. La humedad es el enemigo número uno; procura secarlo siempre con la abertura hacia arriba.
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Cuidado con los choques térmicos: no viertas nunca agua a 100 °C en madera fría.
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Cuidado regular: si no usas tu mate durante varias semanas o meses, vuelve a aplicar un ligero velo de materia grasa (mantequilla o aceite) en el interior para evitar que la madera se reseque y se agriete con el tiempo.
Cuidar tu mate forma parte integrante del ritual matero. Es un objeto que irá adquiriendo pátina con el tiempo, cuyo color se oscurecerá y que guardará en su memoria todas tus degustaciones.
Los distintos tipos de mates de madera
No todos los mates son iguales, y la esencia de la madera determina cómo va a reaccionar.
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El algarrobo: es una de las maderas más populares en Argentina. Muy dura y resistente, aporta un gusto ligeramente dulce a la infusión. Necesita un buen engrasado inicial, porque tiende a secarse mucho si no se usa con regularidad.
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El palo santo: esta «madera sagrada» es célebre por su savia muy aromática (notas de pino y cítricos). Es, sin embargo, muy frágil y propensa a las grietas si los cambios de temperatura son demasiado bruscos. El curado de un mate de palo santo exige paciencia y un aceitado muy generoso.
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El limonero o el naranjo: más raras, estas maderas aportan un ligero toque de acidez muy apreciado, pero su densidad exige también una preparación minuciosa.
